Mediación Penitenciaria: El preso también media

Existepresos de la rocan muchos tipos de mediación. Nos podemos encontrar con la típica mediación familiar o la novedosa y tremendamente efectiva mediación penal. Podemos incluso hablar de mediación administrativa, algo que sorprendentemente tiene grandes resultados. Sin embargo, la que más extraña le resulta a muchos es la que se realiza en centros penitenciarios. La pregunta más habitual que me hacen es: “Y ahí, ¿qué se media?”.
Pues la verdad es que se lleva a cabo una mediación muy peculiar y con resultados excelentes.

Es cierto que se trata de un proceso con muchas más limitaciones que cualquier otro tipo de mediación. Hay que ceñirse, lógicamente, a los horarios y normas del centro penitenciario, lo que en ocasiones puede limitar mucho la labor del mediador. Sin embargo, son mediaciones muy sencillas y con mucho más contenido emocional del que la gente pueda imaginar.

Los centros penitenciarios son lugares donde la gente convive. Fruto de esa convivencia surgen conflictos que, al producirse en el lugar en que se producen, se magnifica todo. No sólo se magnifican las causas que los originan o las respuestas que se dan a esas causas, sino también las consecuencias de dichos conflictos (los castigos o sanciones). A lo mejor una discusión en la que hay un empujón leve, acaba en retirada de permisos para ambos internos involucrados, así como posible internamiento de uno de ellos (o de ambos) en una celda de aislamiento.

A esto, hay que añadirle que se trata de un lugar en el que expresar sentimientos o jaulaemociones en público sea un signo de debilidad absoluta. Un sitio en el que uno no puede hablar abiertamente de lo que piensa o desea. Es cierto que existen unos profesionales excelentes como los educadores sociales, los trabajadores sociales y los psicólogos que sirven de gran ayuda y en parte de vía de escape para poder hablar de esos temas. No
obstante, siguen siendo personal dependiente del centro penitenciario, lo que hace que en parte desconfíen de ellos, y además no tienen medios para poder ayudarles con los conflictos que puedan tener con otros internos.

Visto todo esto, hace falta un mecanismo que ayude a los internos a poder expresarse libremente, a solucionar los conflictos ya originados y a evitar otros posibles que puedan ocurrir en el futuro. Ahí entra la mediación.

Cada proyecto implementado en los distintos centros penitenciarios que lo tienen es diferente ya que se adapta a las necesidades y situaciones de cada cárcel.

Yo hablaré de la increíble experiencia que he vivido. En el centro al que acudimos, cada semana va una pareja de mediadores distinta que se encargan de llevar a cabo los casos que haya para esa semana. Las mediaciones las realizamos primeramente por separado. Hablamos con cada parte de manera individual. Si ambos desean reunirse y la valoración de los mediadores para realizar dicha reunión es positiva, se realiza una sesión conjunta. En esa sesión los internos hablan entre ellos y solucionan lo que haya sucedido. El conflicto normalmente se resuelve muy rápidamente, por lo que aprovechan para hablar de otros temas y contar qué tal están llevando sus vidas en los distintos módulos en que se encuentren.

Es fundamental aclarar que la mediación lógicamente es voluntaria, sin que pueda verse perjudicado ningún interno que no desee iniciarla. Asimismo, todo lo que se hable en la mediación (tanto en las sesiones individuales como conjuntas) es estrictamente confidencial y no se le puede comentar nada a ningún funcionario, ya sea educador, trabajador o profesional del centro.

Todo esto está resumido al máximo, pues hay que lidiar con numerosos contratiempos. El centro penitenciario tiene unos horarios estrictos que todos deben cumplir. Por ello, si las entrevistas individuales duraban más tiempo del previsto (algo habitual ya que los internos quieren aprovechar y hablar de otros temas que les afectan como la familia, los hijos o sus sueños una vez salgan de ahí), a veces había que retrasar la entrevista conjunta a la semana siguiente, lo que implica que los nuevos mediadores vuelvan a ganarse la confianza de los internos, obligándoles en muchos casos a realizar de nuevo las sesiones individuales previamente. También nos encontramos con problemas de traslados a otros centros, horarios de talleres, cursos, trabajos o los despachos ocupados, así como tener que hacer mediaciones con internos en aislamiento o en enfermería, llegando incluso a tener que hacer la mediación con una reja entre medias de los mediadores y el interno por orden de algún funcionario.

La teoría sobre mediación penal (muy aplicable a los casos de agresiones y amenazas, causa más común de los conflictos penitenciarios) nos indica que es mejor hablar primero con el infractor para ver si hay arrepentimiento y si quiere mediar, así no molestamos a la víctima. No obstante, aunque se ha comprobado que haciéndolo a la inversa también funciona (si no me equivoco en Navarra se realiza así), en el centro penitenciario se lleva a cabo una especie de sistema de eficacia, es decir, vamos a hablar con el que se halle en el módulo más próximo. A veces hemos hecho una mediación en un módulo y uno de los internos de la siguiente mediación se encuentra en ese mismo módulo. Hay que tener en cuenta que el tiempo con el que cuentan los mediadores es muy limitado y entrevista individual puede durar más de una hora y media o dos horas (he llegado hasta las dos horas y media en alguna ocasión). Esto se debe a que en dicha entrevista individual hay que generar confianza, que el interno esté dispuesto a contar su visión de lo sucedido, que cuente cómo se sintió y cómo se siente ahora, así como, en muchas ocasiones, levantarle el ánimo y hacerle ver que todavía tiene futuro fuera de la cárcel.

En todo caso, en este tipo de mediaciones lo que más se usa es la escucha activa. Los internos, una vez que ven que pueden confiar en ti, hablan de todo lo que les sucede en prisión. A veces hacemos algo más parecido a una sesión de escucha que una mediación propiamente dicha. En la mayoría de los casos los conflictos ya se han solucionado, simplemente tuvieron un roce y discutieron, pero al encontrarse en un centro penitenciario, las consecuencias de esa discusión se llevaron a un extremo tal que, en caso de encontrarse en la calle, no habría sucedido y al día siguiente habrían seguido con sus vidas con normalidad.

La mayoría de los casos que he visto han sido principalmente por peleas o amenazas y puedo decir que el 99.9 % de los casos en los que se inicia mediación se ha llegado a acuerdo, solucionándose el conflicto y hablando entre ellos como buenos amigos. En los otros casos en los que no se inicia mediación (muchas veces por los problemas antes comentados, otras tantas porque uno de los internos no quiere mediar), los propios internos nos agradecen muchísimo el que hayan podido hablar con nosotros ya que han podido “desahogarse” y “soltar todo lo que llevan dentro”, además de que la sesión les ha servido para conocer otra forma de resolver futuros incidentes.

preso

Recuerdo con cariño bastantes casos. Hubo uno que recuerdo especialmente por el efecto que tuvo en el interno. Curiosamente, no hubo acuerdo en él, pero aun así creo que la labor de los mediadores que estuvimos ahí ayudó mucho al interno.

El interno con el que nos entrevistamos era la víctima y no quiso reunirse con la otra parte. Al parecer el agresor intento clavarle un bolígrafo en el ojo sin mediar palabra ni motivo alguno (de hecho la víctima ni le conocía personalmente). Tuvo la suerte de que esquivó a tiempo la agresión y le produjo una lesión leve en la mejilla. Aunque al principio se habló del caso que nos había llevado a reunirnos con él, enseguida comenzamos a hablar de su vida fuera de la cárcel, de su familia y en especial de su hija a la que llevaba meses sin poder ver ni abrazar. Comenzó a llorar porque lo único que deseaba era volver con su familia. Aunque no hubo mediación nos dijo que por fin había encontrado un sitio en el que poder llorar y soltar libremente cómo se sentía, que ahora volvía a estar como nuevo.

Al igual que he citado un caso en el que no hubo acuerdo, es justo que diga que en muchos otros conflictos sí que se iniciaba la mediación y que siempre que hacíamos la sesión conjunta, los internos se abrazaban nada más verse. Además, cuando los mediadores comenzábamos a redactar los acuerdos, los internos aprovechaban para hablar de cómo estaban en los distintos módulos, e incluso de lo que pasaba fuera con sus familias, lo que dejaba claro que realmente el conflicto había terminado.

Para finalizar, diré que el Código Penal recoge el ingreso en prisión como un método de reinserción en la sociedad. La mediación ayuda a solucionar conflictos y está demostrado que allá donde hay implementado un proceso así, el número de conflictos desciende enormemente con el tiempo. Por tanto, es lógico pensar que la mediación penitenciaria ayuda (y mucho) a esa reinserción social de la que tanto se habla y que en muchos casos, por desgracia, no se cumple.

Los mediadores que acudimos a mediar a los centros penitenciarios lo hacemos de manera voluntaria, dejando de lado nuestros trabajos y quehaceres para poder estar ahí, así como los profesionales que colaboran con los mediadores y los acompañan, que deben hacerlo en sus horas de trabajo, obligándoles a organizarse de una manera más compleja con tal de que las mediaciones puedan llevarse a cabo. Creo firmemente que es hora de que esto cambie y se empiece a apostar por este tipo de mediación tan buena y efectiva. No hablo ni mucho menos de esa locura llamada compensación económica por ese trabajo realizado, ¡dónde vamos a ir a parar hombre! Aunque, por otra parte, sería un detalle poder cobrar por el trabajo que uno realiza, ahí dejo esa afirmación para el que quiera darse por aludido. Estoy hablando de habilitar espacios u horarios para que esas mediaciones puedan llevarse a cabo sin tener que ir a marchas forzadas ni usar despachos ajenos para poder salir al paso, facilitando la labor de todos los profesionales implicados y ayudando a los internos a encontrar un espacio más confortable que les ayude a solucionar sus conflictos y posibilitar ese objetivo final que no es otro que la reinserción en la sociedad.

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4 comentarios en “Mediación Penitenciaria: El preso también media

    • Muchísimas gracias por tu mensaje! La verdad que agradecen mucho este tipo de comentarios! Espero poder escribir algo nuevo pronto que sea también de tu agrado!

      Me alegra mucho que te haya gustado mi punto de vista. Desde luego tienes toda la razón con lo de que la resolución de conflictos no debe dejarse para después… es algo fundamental que puede ayudar a resolver situación que ante un juez parece imposible.

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